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martes, 28 de julio de 2015

Tatanka Yotanka.



Tatanca Yotanka (Toro Sentado) 
Sioux Humkpapa 1837-1890  

"Si el Gran Espíritu hubiera deseado que yo fuera un hombre blanco me habría hecho blanco... ¿Es un agravio amar a mi pueblo? ¿Soy malvado porque mi piel es roja? ¿Porque soy un Sioux? Dios me hizo Indio, El Gran Espíritu nos dio esta tierra y aquí estamos en casa. No quiero que roben a mi pueblo... quiero que todos sepan que estoy en contra de cualquier venta de nuestra tierra". 

"El guerrero no es alguien que pelea, no tiene derecho a tomar la vida de otro. El guerrero, para nosotros, es aquel que se sacrifica por el bien de los demás". 

"Su tarea es cuidar a los mayores, a los indefensos, a aquellos que no pueden hacerlo por su cuenta, y por sobre todo, a los niños, el futuro de la humanidad"

domingo, 5 de julio de 2015

El sentir de un Jefe Indio y los 10 mandamientos.



Todas las culturas tienen sus propias creencias en cuanto a lo que de religión se trata, pero todas coinciden de que hay un Dios que es el creador de todo, y que debemos amar todo lo creado por Él,   y también tienen sus mandamientos los cuales rigen su vida espiritual.

Los Indios Americanos tenían un guía, el gran jefe James Nube blanca de la tribu de los Hoka-Sioux, líder de este pueblo masacrado y sometido por el régimen del "hombre blanco" (Estados Unidos) hace más de dos siglos.

Éste era el sentir del Jefe Nube Blanca,  

"Tus mandamientos religiosos fueron escritos en tablas de piedra por el dedo flameante de un Dios enfadado. Nuestra religión fue establecida por las tradiciones de nuestros ancestros, y los sueños que les fueron dados a nuestros mayores durante las horas de silencio nocturno por el Gran Espíritu y las premoniciones de los sabios escritas en el corazón de todos los hombres. 

No necesitamos iglesia, porque todo lo que se discuta sobre Dios no nos interesa. Muchas cosas se pueden discutir sobre el hombre, pero nunca sobre Dios. El hombre blanco pensó regular la naturaleza y cambiarla según sus ideas. 

Nunca fue comprendido por el piel roja. Nosotros creemos que el Gran Espíritu ha creado todas las cosas. No sólo la humanidad, sino también los animales. las plantas y las rocas. Todo en la tierra y entre las estrellas tiene alma verdadera y toda vida es sagrada. Pero tú no comprendes nuestras oraciones cuando se dirigen al sol, la luna y el viento. 

Nos han juzgado sin comprendernos. Solo porque nuestras oraciones son diferentes. Pero somos capaces de vivir en armonía con toda la naturaleza. Toda la naturaleza está dentro de nosotros y nosotros somos parte de la naturaleza"  

LOS 10 MANDAMIENTOS INDIOS. 

Trata la tierra y a todo lo que hay en ella con respeto. 
Muestra gran respeto por tu semejante. 
Trabaja junto para el beneficio de toda la Humanidad. 
Da asistencia y cariño donde se necesita. 
Haz lo que creas que esta bien. 
Mira después el bienestar del cuerpo y la mente. 
Dedica una parte de tus esfuerzos al bien común. 
Se sincero y honesto siempre. 
Hazte responsable de tus actos. 

Yo me pregunto: ¿Porque estos hombres que eran de gran corazón y grandes en espíritu, que amaban todo lo que en la tierra ha sido creado, eran tratados como salvajes por el "hombre blanco"?, ¿Tan sólo porque tenían otro color de piel?

En realidad son estos hombres al igual que otros nativos de otras culturas los que nos brindan la enseñanza del amor limpio, del amor hacia los animales, amor hacia los elementos, a la naturaleza y a toda la humanidad.

viernes, 3 de julio de 2015

Amor a todo lo creado.



Franklin Pierce presidente de los Estados Unidos (1853-1857), quiso comprar las tierras de una Tribu Piel Roja.  La tribu tenía en ese entonces a un Jefe Indio llamado Seattle, un hombre de gran corazón poeta, filósofo y además profeta ya que pudo profetizar el desastre ecológico provocado por el hombre blanco.

Bien en 1854 Franklin Pierce trato de comprar las tierras a lo que este gran jefe indio contesto mediante una carta al entonces presidente, la carta decía lo siguiente

¿Como se puede comprar o vender el firmamento? 
Dicha idea nos es desconocida, si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas 
¿Como podrán ustedes comprarlos? 
cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo, cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los oscuros bosques, cada altozano (terreno de poca altura) y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo, la savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas. 

Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando comprenden sus paseos entre las estrellas; en cambio nuestros muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra, puesto que es la madre de los pieles rojas, somos parte de la tierra y así mismo ella es parte de nosotros, las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila, estos son nuestros hermanos; las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia. 

Por todo ello, cuando el Gran Jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. 
También el Gran Jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros, él se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos, pero esto no es fácil, ya que esta tierra es sagrada para nosotros. 

El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino que también representa la sangre de nuestros antepasados; si les vendemos la tierra, deben de recordar que es sagrada, y a la vez enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de la vida de nuestra gente, el murmullo del caer del agua es la voz del padre de mi padre, los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. 

Les vendemos nuestras tierras, ustedes deben recordar y enseñar a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también lo son suyos, y por lo tanto deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano. 

Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida, él no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita, la tierra no es su hermana sino su enemiga, y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres sin importarle, les secuestra la tierra a sus hijos, tampoco les importa, tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados, trata a su madre la tierra y a su hermano el firmamento como objetos que se compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores, su apetito devora la tierra, dejando atrás sólo un desierto. No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar como se abren las hojas de los árboles en primavera o cómo aletean los insectos. 

Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprende nada, el ruido sólo parece insultar nuestros oídos, y después de todo ¿Para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque? Soy un piel roja y nada entiendo, nosotros preferimos el suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del medio día o perfumado con aromas de pinos. 

El aire tiene un valor inestimable para el piel roja, ya que todos los seres comparten un mismo aliento; la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor, pero si les vendemos nuestras tierras deben recordar que el aire no es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros, Y si les vendemos nuestras tierras, ustedes deben conservarlas como cosa aparte y sagrada; como un lugar donde hasta el hombre blanco pueda saborear el viento perfumado por las flores de las praderas. 

Por ello consideramos su oferta de comprar nuestras tierras, si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: El hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos. 

Soy un salvaje y no comprendo de otro modo la vida, he visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo una maquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir. ¿Que sería del hombre sin los animales? 
Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual, porque lo que sucede a los animales también le sucederá al hombre. Todo va enlazado. 

Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos; inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con la vida de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla; enseñen a sus hijos lo que nosotros hemos enseñado a los nuestros, que la tierra es nuestra madre. Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra; si los hombres escupen en el suelo, se escupen a si mismos. Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos: todo va enlazado, como la sangre que une a la familia. Todo va enlazado. Todo lo que le ocurra a la tierra les ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo, lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo. 

Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo queda exento del destino común. Después de todo, quizás seamos hermanos, ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios, pueden pensar que El les pertenece, lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así, El es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para El, y si se daña se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirán, quiza antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios residuos. 

Pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza de Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja, ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exuberantes colinas con cables parlantes. ¿Donde está el matorral? Destruido, ¿Donde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia. 

Este fue el sentir de un hombre al que el hombre blanco llamaba "salvaje", el sentir de un hombre que amaba a su tierra; el sentir de una tribu que amaba todo lo que fue creado para el hombre; más que una carta fue una declaración de amor a la tierra, al agua, al aire, al fuego, a los animales, al firmamento; pero más que eso fue una lección para el hombre blanco que se creía superior a ellos y tal vez por su orgullo nunca entendieron que ellos eran "los salvajes".